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Creo que pasar por una crisis existencial al terminar los estudios es algo bastante común.

Las crisis existenciales aparecen cuando lo que estabas haciendo hasta el momento ya no funciona.

Por las razones que sea, tu manera cotidiana de actuar ya no sirve y tienes que aprender a hacer las cosas de otra manera.

Te sientes, perdido, confuso, desorientado, abandonado. No sabes qué dirección tomar, ni cómo actuar.

Estás acostumbrado a levantarte cada día, ir a la universidad, ir por las tardes al gimnasio, tomar cañas con los amigos y compatibilizar esto con algún trabajillo temporal.

Sin embargo un día todo esto acaba, te gradúas, te pegas la fiesta de tu vida y de pronto… ¡Ya eres universitario! ¡Tienes una carrera! Y cuando se te pasa la resaca del día siguiente, en vez de tener claro cuál es el siguiente paso lo único que se te pasa por la cabeza es: bueno, ¿y ahora qué? ¿Qué hacer al acabar la carrera y quedarte sin nada a lo que aferrarte?

Lo que estabas haciendo hasta ese momento deja de funcionar de un día para otro. Ya no arreglas nada trabajando en Navidades y en verano, ni apuntándote a cursos de inglés para tener un futuro mejor. Ese futuro para el que se supone que te estabas preparando ya ha llegado y no tienes ni la más mínima idea de qué hacer.

Probablemente decidas estudiar un máster. Yo lo hice, pero . Tarde o temprano te llegará la crisis post universidad que nos llega a (casi) todos.

Unos meses antes de acabarlo ya notaba los primeros síntomas de la crisis existencial. Me empezaba a sentir confundida, ansiosa, mis cambios de humor se comenzaban a acentuar… Sentía como si algo malo se acercara en cualquier momento y me fuera a pillar desprevenida.

Sin embargo, no es que fuera algo malo, simplemente era algo diferente, y no podemos negar que los cambios, la incertidumbre, el no saber que va a pasar, nos produce como mínimo un poco de miedo e incomodidad.

Mi historia

He de decir que siempre he tenido la sensación de tener bastante claro , aunque sí que es cierto que con el paso de los años mis ideas iban cambiando.

Desde que tengo memoria quería estudiar veterinaria; me encantaban los animales y tenía bastante claro que era a eso lo que me quería dedicar. Un poco más tarde alrededor de los 12 años me dio por la música; quería ser compositora y me apunté al conservatorio.  Alrededor de los 16 tenía decidido que iba a estudiar psicología; efectivamente, así fue, y a los 22 terminé la carrera.

Antes del último año de carrera ya sabía qué máster quería hacer, así que me matriculé y lo terminé dos años más tarde. Con 24 años ya tenía mi carrera de psicología y un máster de especialización en clínica. Había sido capaz de acabar los estudios antes de los 25 años. Qué bien, ¿no?

Sinceramente, no me arrepiento de hacer del máster. Aprendí muchísimo y tuve la oportunidad de ayudar a varias personas a convertirse en una mejor versión de sí mismas, ya que llevábamos muchos casos prácticos.

Tengo que decir que no lo elegí porque aumentara mis salidas al mundo laboral; no era un máster homologado ni tenía bolsa de empleo. Lo elegí porque me apasiona la psicología y me interesaba aprender, no coleccionar títulos. Así que aunque no a todo el mundo le parecieron los criterios más adecuados, yo estoy contenta con la decisión que tomé.

Y como dije antes, pocos meses antes de acabar el máster entré en una crisis existencial.

El panorama en España no era muy alentador, y he de decir que la idea de emigrar no me motivaba mucho. Me hubiera gustado poder decir que veía mi futuro como una hoja en blanco, pero la verdad es que lo veía más bien como una hoja gris oscura.

La pregunta del millón

Quiero contarte qué es lo que hice para tratar de resolver esta crisis y por qué.

Lo primero que hice fue enviar currículums a todas las clínicas, hospitales privados y centros sociales de Madrid. Recibí algunas respuestas agradeciendo mi solicitud, alguna que otra entrevista y alguna colaboración de un par de horas a la semana.

Fundí a currículums para todo tipo de empleos. Vendí seguros del hogar, tarjetas de crédito y trabajé de tele-operadora. ¡Incluso me salieron un par de pacientes que atendía en despacho privado!

Es fácil perder de vista tus sueños en el mundo en que vivimos. Sin apenas darte cuenta, te ves y llevando la vida que te han inculcado que debes de llevar sin ni siquiera plantearte si realmente es lo que quieres.

Desde hace tiempo me rondaba por la cabeza que yo no quería eso, sin embargo me estaba dejando llevar.

Así que un día me senté en mi escritorio libreta en mano y me hice la pregunta del millón:

¿Qué es lo que quiero hacer con mi vida?

En un microsegundo tenía la respuesta: ser feliz.

Sí, muy bonito. Todos queremos ser felices (o al menos aún no he conocido a nadie que no quiera serlo), pero eso no me solucionaba nada. Así que decidí ir un paso más allá y hacerme una segunda pregunta:

¿Qué necesito para ser feliz?

Y obtuve la siguiente respuesta:

  • Viajar
  • Tener libertad económica
  • Cultivar mis relaciones sociales
  • Cuidar tanto mi cuerpo como mi mente.

Ahora ya vamos mejor encaminados.

¿Y qué necesito para lograr esta cuatro cosas?

No tarde mucho en encontrar la respuesta que ya me había rondado anteriormente en numerosas ocasiones por la cabeza pero que solo había llevado a cabo a medias y abandonando a la mínima dificultad.

Montar un relacionado con la psicología que me permitiera trabajar desde cualquier lugar y tener tiempo suficiente para pasarlo tanto con las personas que me importan como conmigo misma.

Utopía dirán algunos. Esfuerzo y constancia responderé yo.

Empecé la carrera de psicología teniendo claro que mi sueño era tener mi propia clínica privada, pero me di cuenta que de que eso había cambiado y de que mi verdadera prioridad era poder vivir experiencias viajando mientras ayudaba a más personas a cumplir sus sueños.

Y de esta manera nació mi blog el 24 de mayo de 2015, con la intención de ayudar al máximo número de personas a no perderse y a hacer de su vida un proyecto con sentido.

No sé por qué estamos en este mundo y estoy segura de que independientemente de tus creencias tú tampoco lo sabes así, que por lo menos haz que tu estancia en este planeta merezca la pena.

No es oro todo lo que reluce…

Me gustaría poder decirte que estoy escribiendo desde la India y que vivo de mi blog, pero no es así. Sin embargo, estoy segura que algún día lo será. Mi objetivo es dar la vuelta al mundo antes de los 30.

Ya no es mi sueño. Los sueños dejan de ser sueños cuando se convierten en objetivos. Los sueños están en el mundo de la fantasía y al convertirlos en objetivos pasan al mundo de la realidad.

Escribo desde Madrid y tengo un trabajo por la mañana. Gran parte de la tarde y fines de semana los dedico al blog. Cuando decía que las claves son el esfuerzo y la constancia lo decía muy en serio.

Es muy fácil abandonar por el camino y dejarte absorber de nuevo por el sistema, pero si tienes muy claro y te convencen tus propias razones para hacerlo será mucho más difícil que esto ocurra.

Ten por seguro que vas a encontrarte con numerosas dificultades que te harán plantearte si has tomado la decisión adecuada. No pretendo ni mucho menos desanimarte, pero quiero ser franca contigo para que sepas a lo que te enfrentas si decides elegir un camino diferente.

La gente no va a entenderte. Tú tienes que entender el mundo, pero el mundo no va a entenderte a ti. Mis padres insistían en que hiciera una oposición ya que es la única manera de garantizarte un trabajo para toda la vida. No hubo manera de que entendieran que no quería estar en un mismo trabajo toda la vida.

Mi novio me decía que no era la mejor época para emprender y mis amigos me decían que en Internet hay muchísima competencia y que quería algo muy difícil.

También necesité invertir dinero que no tenía y que tuve que conseguir con otros trabajos y resolver problemas técnicos que no tenía ni la más mínima idea de por dónde coger. La clave está en ir aprendiendo sobre la marcha y solucionar cada obstáculo según aparezca.

Sin embargo, a pesar de que el camino no siempre es color de rosa, he decir que emprender mi propio proyecto ha sido una de las mejores decisiones que he tomado a lo largo de mi vida.

La sensación de tener algo tuyo que gracias a tu trabajo va creciendo cada día y que además ayuda a otras personas para mi es algo que no tiene precio.

De hecho, si me tocara la lotería seguiría escribiendo en mi blog 🙂

¿Qué hacer si has salido de la universidad y no tienes ni idea de lo que quieres hacer con tu vida?

Aunque mis objetivos han ido cambiando a lo largo de mi vida y ha habido momentos en los que me he sentido bastante perdida, la mayor parte del tiempo he tenido la sensación de que tenía más o menos claro hacia dónde dirigirme.

Pero, ¿por dónde empezar si no tienes ni idea de que es lo que quieres?

Lo primero de todo es decirte que lo que te ocurre es absolutamente normal. Con 18 años tienes que elegir que es lo que quieres hacer durante el resto de tu vida sin apenas conocimientos para justificar tu decisión, y no es de extrañar que unos años más tarde no pienses lo mismo que cuando entraste a la universidad.

No a todo el mundo le hace feliz las mismas cosas. A mi imaginarme en un chalet con dos hijos, un perro y un trabajo de funcionaria me produce pánico escénico, pero a lo mejor a ti esta situación pueda hacerte inmensamente feliz. Incluso a mi yo del futuro puede que también le haga feliz, no lo sé.

Por eso, te recomiendo que al igual que yo hice en su día, cojas una libreta y un bolígrafo y dejes plasmado por escrito qué es lo que necesitas para ser feliz y qué puedes hacer para conseguirlo.

Te propongo hacerte también las siguientes preguntas y dedicar todo el tiempo que necesites a reflexionar sobre ellas.

Una vez que respondas a estas preguntas, seguramente tendrás algo más claro qué camino quieres tomar.

Cuando tengas claro qué es lo que quieres y por qué lo quieres,  que te guíe hasta ese lugar. Este plan de acción debe contener cada paso que tienes que dar (cuanto más específico mejor) para lograr tu objetivo. Será como tener un mapa al que acudir cada vez que te pierdas.

Sin embargo, no tengas prisa por tomar una decisión. Hazte preguntas, prueba varias cosas, lee mucho, viaja, experimenta, habla con gente, tomate tú tiempo, busca un sentido a tu vida y no tomes decisiones precipitadas.

Y sobre todo recuerda: siempre estás a tiempo de cambiar de dirección, y empezar de nuevo.

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Ahora me gustaría que me dieras tú opinión y que me contarás tu experiencia. ¿También pásate por una crisis existencial al terminar los estudios? ¿Tienes claro a qué quieres dedicar tu vida? ¿Sabes que es lo que te hace feliz? Te espero en los comentarios 🙂

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