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Fotos de la izquierda: febrero 2016 y las de la derecha: febrero 2017 C.GARCÍA / B.DÍAZ

El negocio de los implantes de cabello en Estambul se ha disparado en los últimos años. Este periodista de ZEN cuenta su experiencia

13/02/2017 07:26

Recuerdo la cara de susto de mi madre cuando vino a buscarme al aeropuerto de Barajas después de un fin de semana de turismo sanitario por Estambul. "Pareces una mezcla entre Doraemon y Kiko Rivera", dijo de broma, pero preocupada. Estuve una semana con los mofletes, la nariz y el entrecejo hinchados como globos porque me había bajado la anestesia local que me inyectaron en la cabeza. Ya me avisaron los doctores que me pusieron pelo que me podía pasar si no me ponía la cinta de ninja apretando la frente. Al igual que el mar de costras que me salieron cubriendo las heridas del injerto. Menos mal que era invierno y tenía la excusa perfecta para llevar siempre un gorro puesto. Todo controlado hasta que empezara a crecer el nuevo pelo turco. O eso pensé. Porque pocos días después de regresar de Turquía me fui de viaje con los amigos del Erasmus a Florencia. No fue fácil explicar en italiano a las chicas en las discotecas que no me podía quitar el gorro porque me había ido a Estambul a ponerme pelo y si les enseñaba la cabeza se iban a asustar. "¿Pero eso te va a funcionar seguro? No tiene buena pinta, suena muy raro", me replicaban sorprendidas. "No lo sé, pero tengo 10 años de garantía así que siempre puedo volver", decía buscando la gracia fácil -y verdadera- porque no sabía la respuesta correcta.

Ahora sí la sé.

No, no me ha hecho falta volver. Justo un año después de ponerme 4.200 pelos en la última planta del Hospital Medical Park de Estambul, creo que puedo decir eso de que ya no seré calvo. "Qué buena melena tienes". Me he cansado de escuchar la frase en los últimos meses. Sí, tengo el doble de pelo que hace un año. El doble que ese mes de febrero de 2016 en el que viajé al barato edén de los alopécicos para hacer un reportaje sobre el boom de los españoles que van cada año a ponerse pelo a Turquía: más de 10.000 al año en 250 clínicas turcas por un precio que ronda los 2.000 euros. En España está entre 8.000 y 15.000 euros. Complicado que compitan los centros capilares contra el nuevo negocio en auge del llamado turismo sanitario subvencionado por el Gobierno de Erdogan -para atraer a turistas y quitar el miedo al terrorismo- y con unos doctores con un salario mucho más bajo.

Aquí viene la primera cuestión: ¿Injertos capilares 'low cost' es igual a menor calidad o peor tratamiento? El principal inconveniente es el seguimiento postquirúrgico. A 3.500 kilómetros de distancia no es lo mismo que en la clínica de tu ciudad. En España tenemos muchos centros estéticos con prestigiosos profesionales que también te ayudan con la financiación de los pagos. Más caro pero más seguro y cómodo. Es la opinión en general.

Mi seguimiento en Madrid me lo hizo el doctor Ángel Martín en la Clínica Menorca, referente en España en Medicina Estética. En este centro de salud se han hecho injertos numerosos personajes muy populares, entre ellos Rafa Nadal, con el que se ha levantado un gran revuelo el último mes por su nuevo look. "No podemos competir con los precios de Turquía. Aquí el salario de los seis profesionales que intervienen en la operación y el coste del equipamiento necesario puede ser hasta ocho veces superior, pero garantizamos una seguridad absoluta con el seguimiento directo con los pacientes y las técnicas más avanzadas", explica el doctor Martín.

La supervisión del cabello durante este año desde el Hospital de Estambul me lo han hecho atentamente a través de email. Cada uno o dos meses enviaba cuatro fotos desde diferentes ángulos de la progresión del cabello. Y los doctores especialistas en microinjertos que me cubrieron los espacios vacíos de la cabeza con pelo de la nuca, Levent Acar y Emrah Cinik, me respondían enseguida con sus análisis y recomendaciones. Pero con la distancia y la comunicación virtual aparece la segunda cuestión: Si tienes algún problema grave con el nuevo pelo, ¿quién asume responsabilidades y qué solución rápida hay?

A miles de kilómetros obviamente no es lo mejor, pero hasta ahora, según Roberto Capomazza, ninguno de los 60.000 pacientes de todo el mundo que se hacen los injertos cada año en la clínica turca han tenido que volver a Estambul para revisar el proceso. Roberto es un italiano afincado en Tenerife dueño de Microfue, la agencia de turismo sanitario con la que contacté para el viaje. La puso en marcha hace tres años tras irse a Estambul a ponerse pelo y volver con la idea de un negocio redondo que no ha parado de crecer. Las cifras que maneja llaman la atención. "En 2016 recibimos 2.300 pacientes españoles, un 91% más que el año anterior. Y en lo que va de año ya llevamos 200". El pack de viaje que ofrece incluye, además del injerto, dos noches en un hotel de cinco estrellas, el traslado a la clínica y un traductor.

Por eso entiendo que todos los días, durante un año, haya recibido algún email de alguno de los ocho millones de españoles que sufren calvicie, preguntándome si realmente funciona esta nueva pasión turca. Por lo menos en mi caso -aquí están las fotos que lo demuestran- algo ha funcionado. Y eso que dejé de tomar uno de los fármacos que me mandaron, el finasteride, porque una amiga médico me informó de que me podría producir disfunción eréctil a largo plazo. En la era de la postverdad pequé de algo que nunca se debe hacer en mi profesión y no contrasté la información.

"El resultado ha sido muy bueno. La parte de la coronilla donde te sigue clareando y tienes pelos más finos es, seguramente, por dejar de tomar el medicamento", aseguraba esta semana el doctor Levent Acar. En sus intervenciones capilares utiliza el método 'FUE'. Te extraen los pelos, por ejemplo de la nuca, y te los injertan uno a uno en la parte más necesitada de la cabeza. El proceso empieza rapando al paciente y dibujando varias líneas sobre la cabeza y la nuca trazando círculos para separar la zona donante de la trasplantada. Después te indican los 'graft' (unidades foliculares que pueden contener de uno a cinco pelos) que van a injertar. Ya en quirófano, tras la anestesia local, los doctores y tres enfermeras se reparten el tiempo para extraer pelo por pelo de la nuca con una micropinza de 0,8 milímetros, para después abrir los agujeros necesarios en la parte del cráneo e introducir los pelos. Todo ello en ocho horas con un descanso entre medias de 30 minutos.

Así me lo hicieron. Durante los primeros dos meses el nuevo pelo me creció unos centímetros para volverse a caer rápidamente. Forma parte del proceso habitual porque más adelante vuelven a salir más fuertes de raíz para ya quedarse. A partir de los seis meses empecé a notar los buenos resultados. Ya no hace falta hacer trampas y dejarme el pelo propio muy largo para tapar los espacios de la cabeza. Las entradas están de sobra cubiertas.

Visto por especialistas, estas son las apreciaciones, 12 meses después, de los doctores de la Clínica Menorca: "Se detecta que al extraer los folículos de la zona donante, la densidad de pelo ha quedado de una forma poco uniforme, despoblando en demasía algunos cuadrantes. Este extremo lo que ha ocasionado es que cuando el pelo está muy corto se note la falta de densidad en estas áreas, provocando pequeñas zonas con densidad capilar baja. En un implante capilar es muy importante realizar el diseño de su posterior implantación de manera correcta para conseguir un aspecto natural del pelo. En este caso se detectan algunas pequeñas asimetrías con falta de cabello en la coronilla".

Mi nuevo pelo turco asimétrico lo cuido todos los días con un champú especial, vitaminas diarias para el fortalecimiento de cabello y minoxidil en gotas para desacelerar la calvicie. Y la semana que viene voy a empezar un nuevo tratamiento de mesoterapia capilar, microinyecciones con una combinación de aminoácidos, vitaminas y oligoelementos en el cuero cabelludo. Dicen que los pinchazos duelen mucho, pero mientras no me vuelvan a tener que rapar el pelo como hicieron en Turquía todo irá bien. La conclusión es buena. El pelo turco es efectivo. Pero esta es sólo mi experiencia.

En las primeras fotos, en las que salgo rapado en blanco y negro, se aprecian las miles de cicatrices en forma de diminutos puntos. Habían pasado pocos días desde el injerto de pelo que me hice en Estambul. No duele, pero molesta y pica muchísimo. Como si decenas de hormigas caminasen alborotadamente sobre la cabeza. Aquí entra la primera norma de los doctores: "No te puedes rascar nunca". Para eso, y para que se cure bien, me dieron un espray blanco que me tenía que echar todos los días sobre las heridas. Cada mañana, 30 minutos antes de ir a la ducha, lo usaba. Tras limpiar con agua fría la capa esponjosa que dejaba el espray, masajeaba lentamente la zona donante y la trasplantada de la cabeza con un champú especial para cabellos sensibles. Así casi todos los días durante unos meses. La norma que sigo manteniendo es que, tras el desayuno, tomo la mitad de dos pastillas para fortalecer el pelo que me ha salido. Seis meses he tardado en empezar a notar los resultados. La parte de las entradas las tengo bien cubiertas con mucho volumen y un pelo muy fuerte. La zona de la coronilla aún me clarea un poco. He notado que he perdido algo de densidad en el cabello. Seguramente es porque al hacerme un injerto capilar teniendo todavía pelo por toda la cabeza, este último, el original, sigue su curso de caída previsto.

  1. El alto precio de la moda barata

39 Comentarios

1 13/02/2017 07:54 horas

Que alguien investigue por que se cae de la cabeza y aparece en la espalda

3 13/02/2017 09:26 horas

Y... qué hay de malo con ser calvo?

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